El viaje hacia la meditación

Escribo de noche. Debería tener apagado el computador, pero tengo ganas de escribir. Acabo de finalizar mi meditación diaria. Desde hace más de veinte días que vengo practicando este arte milenario. Ha sido una experiencia muy gratificante.

Siempre había querido hacerlo, pero por varios motivos -principalmente porque no me hacía el tiempo o pensaba que me iba a aburrir- lo fui posponiendo. Todo cambió hace poco cuando unos amigos cenaban con su familia en casa. La conversación versaba sobre la vida, los hobbies, los deportes.  Uno de los presentes nos contó que desde hace un año está meditando con la aplicación Headspace. Él  llega muy temprano a la oficina y en ese momento, medita. Reconozco que me costó creerle. ¿Cómo una aplicación en el teléfono puede ser tan efectiva?

Mi experiencia previa en torno a la meditación había sido bien pobre. Alguna vez lo intenté en las clases de yoga, otras en unas clases de crecimiento espiritual. Pero nunca sistemáticamente. Por lo tanto, era un terreno absolutamente desconocido.

Durante este mes que llevo meditando por lo menos 10 minutos diarios, me han sucedido varios cambios. Primero, estoy entiendo de lo que se trata. Es una técnica que me ayuda a controlar mis pensamientos.  Es decir, la corriente de conciencia que tanto amamos los escritores, se detiene porque empiezo a controlar mi mente, cómo, cuándo y qué pienso. Pero esto se logra con mucha practica. Segundo, es un tiempo para no hacer, no producir. Esto ha sido uno de los grandes beneficios. Saber que existe un espacio en mi vida libre del deber.  Parece magia. De manera paulatina, casi como un lenta madrugada, el cuerpo se va relajando, te vas desligando de él, solo queda la sensación de corporalidad como un espacio que sabes que existe, pero no dependes de él.

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Buenas noches

Tercero -y lo más extraordinario- ha sido lo que he logrado en las noches. Desde que soy adolescente he tenido problemas para conciliar el sueño. Es una batalla, una tremenda incertidumbre. Además de mi meditación diaria, agregué el programa para dormir dentro de mi rutina. Si bien recién llevo diez días, ya estoy aprendiendo a conciliar el sueño, a descansar solo con métodos naturales. Es difícil, a veces es mucho más fácil tomarse la pastilla, el somnífero. Es un trabajo. Cada noche tengo la incertidumbre si lo podré lograr.

Lo primero que hago es dejar mi teléfono (siempre en modo avión) fuera de mi pieza lo más lejos posible, pero lo suficientemente cerca para que alcance las señal bluetooth de mis audífonos. Luego leo y cuando ya siento mis ojos pesados, apago la luz de lectura y me pongo los audífonos. La meditación dura 20 minutos. Al finalizar me saco los audífonos y me invade una especie de sopor, de relajo bien intenso. Algunas noches no es tan exitosa la experiencia, pero puedo decir que funciona.

Me he preguntado bastante porqué lo hago. Siempre he querido aprender a relajarme profundamente, a tener la capacidad de concentrarme en un solo pensamiento, de yo tener el control. Con esta técnica espero lograrlo. Cuando esté escribiendo solo haré eso, en mis rezos diarios, en mis lecturas, cuando estoy con mis hijos  y en las infinitas actividades que hago diariamente.

Es el comienzo del viaje. Es muy largo. No importa. Lo estoy disfrutando.

Ojalá persevere en este nuevo espacio que estoy forjando en mi mente.

¿Te animas?


Libro de la semana
Los Buddenbrook de Thomas Mann