Mi caja de herramientas

Escribo de noche. Noche cerrada. Estoy en la playa, vine por menos de 24 horas, con la ilusión de recluirme y poder editar mi novela, aún sin nombre. El sonido del oleaje se cuela por la ventana, no veo la luna, menos el mar, solo me veo a mí misma.

Porque hoy me he enfrentado a mis demonios. Ha sido una tarde difícil. Cuando escribes un libro debes luchar a sensaciones que florecen como la mala hierba. Hoy, repasé un capítulo que escribí hace meses. Tengo que rehacerlo, borrar mucho, sumar escenas, agregar diálogos, cambiar palabras, párrafos completos, delinear mejor los personajes, crear más tensión. He rayado mucho cada carilla, mi letra manuscrita está por doquier. Son casi treinta páginas.

Por lo general, así es el proceso de edición de un libro. Cuando tienes lista la idea del capítulo te lanzas en papel o en computador. Lo revisas varias veces, puede ser que lo imprimas. Lo lees en voz alta, tachas, reemplazas. Otra vez en el computador y haces las modificaciones pertinentes.

Entonces, lo dejas descansar.

No un día, ni dos, tampoco una semana.

Ojalá un mes o más.

Vuelves a él. A ese capítulo o a la obra completa.

Repites el mismo proceso. Lo imprimes, lo lees con lápiz en la mano. Rayas sin tapujo. La autocrítica debe ser certera, voraz, atrevida.

Te sientas e inicias todo de cero. Desde la primera página.

¿Cuántas veces repites esto? Depende de cada escritor.

Hoy terminé de editar los primeros seis capítulos. Luego, comencé por tercera vez la lectura del séptimo. No pude finalizarla.

Me sentía como una gata encerrada, en una cárcel. Ya eran las nueve de la noche, había comenzado a las seis. Me tomé un descanso. Comí chocolate, eso no me hizo más feliz.

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Herramientas para vivir mejor

Entonces, me conecté con mi emoción, mi desgano. Me enfrenté a la desdicha, a esa soledad y rabia que te da cuando algo está mal y pensabas lo contrario. Pero no me podía quedar así. Me haría pésimo. Decidí sobreponerme. Recurrí  a mi caja de herramientas -la que me han ayudado a dejar fuera el enfado, la desilusión, la ansiedad- para permitirme continuar,  solucionar este conflicto nocturno con  premura.

Mi caja de herramientas:

1-   Me di una ducha caliente.

2-  Apagué algunas luces.

3.   Medité por veinte minutos. 

4.  Decidí perdonarme.

5. Comencé a escribir aquí en el blog.

 

Estas herramientas las he ido descubriendo de a poco, he sumado algunas, sacado otras.

Lo más probable es que mañana, bien temprano, cuando amanezca, se abrirá el capítulo a un mundo de nuevas reescrituras.

¿Cuáles  mecanismos tienes para sobreponerte?

Pd: El lunes recién pasado me entrevistaron en Libros al aire de la Radio de la Universidad de Concepción.

Si la quieres escuchar, pincha aquí, es la del 18 de diciembre.

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Libro de la semana, De qué hablo cuando hablo de escribir de Haruki Murakami