Inaugurar cada día, Janucá

Escribo en la misma cafetería de la semana pasada, pero hoy con asombro. Me cuesta creer que es jueves y diciembre. Aunque no celebro las fiestas de fin de año, de todas formas, se instala en mí el ambiente festivo, la culminación de un proceso. A muchos no les agrada esta época, los automovilistas agresivos, los centros comerciales que explotan, el calor.

Yo, tengo sentimientos mixtos.

Por una parte, coincido con los que sienten estresados, pero  son hermosas las instancias que se generan en estos días. Ya sea con los amigos, compañeros de trabajo, familia.

Además que el domingo comenzó una de las fiestas más lindas del calendario judío Janucá. En español la denominamos La fiesta de las Luminarias, pero en hebreo significa algo muy distinto: inauguración. De hecho, cuando se inaugura una casa, le decimos Janucat Habait.

Janucá. Durante una semana encendemos velas de manera creciente, partimos con una y terminamos con ocho. Pero ¿cuál es la relación entre la luz que sumamos cada noche e inauguración? Al ocaso, agregamos luz, inauguramos un nuevo yo, un nuevo capítulo. Este concepto se relaciona con algo positivo y alegre. En Janucá tengo  la oportunidad de inaugurarme.  

Así ha sido esta semana.

El domingo comenzó la fiesta. Junto a mis hijos y mi marido encendimos la primera vela del candelabro de ocho brazos;  la llama nos recuerda que vivimos rodeados de milagros. Obsequiamos dulces y chocolates a los niños. El martes, otra inauguración. Junto a familiares queridos encendimos la vela que corresponde a la tercera noche. Niños y adultos nos congregamos  para celebrar, inaugurar la luz que cada uno puede entregar al mundo, disminuir la oscuridad y dar paso a los destellos, la ilusión, a mejorar.

Se suman más momentos de inauguración esta semana.

Ayer junto a una grupo muy querido de amigas colegialas, celebramos a una de ellas -una de mis mejores amigas, nos conocimos el primer día de clases en 1ro básico y desde ese momento hemos sido inseparables, a pesar de nuestras vidas tan disímiles- en un almuerzo en la casa de su madre. Alrededor de la mesa inauguramos los recuerdos del pasado, las dichas de compartir, de tener un lenguaje en común.

Fue un momento de dicha.

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Tú espacio de luz

También fue alegría la de anoche. Nos juntamos las trotadoras del Tym -mi grupo de corredoras- para cerrar este 2018.  Llevo casi diez años junto a ellas, aún recuerdo esa mañana de marzo en que comencé a entrenar, muchas iban a un ritmo inalcanzable. Si bien todavía es imposible correr como ellas, hoy sé que a pesar de mi “lentitud”, somos equipo.  Tenemos historia, vivencias, complicidad. Nos vemos dos veces en la semana en la plaza, lunes y miércoles, pero allí, en ese rincón del mundo donde nos tropezamos al iniciar y finalizar el entrenamiento, se ha generado un espacio de luz para mi vida.  

Gracias a ellas he conocido lo que es sobreponerse al dolor, a la frustración, a ir por más aunque te falte el aliento. Gracias a ellas inauguré un capítulo inédito en mi vida. Porque me abrieron una senda de superación y persistencia. Gracias a ellas supe lo que es el espíritu deportivo, hasta entonces desconocido para mí. Anoche reímos, cantamos y comimos. Recordamos mañanas duras, frías con lluvia, nieve, temperaturas glaciales, ritmos de trote agobiantes, cercanos al desmayo, los enojos del entrenador, su “vamos por más”.

Inaugurar es una oportunidad para crecer. No es necesario inaugurar grandes edificios, casas, proyectos para comenzar otra vez. Cada uno de nosotros se inaugura a diario.

¿Cómo te inauguras?  Déjame tu comentario más abajo.

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Libro de la semana, Principiantes de Raymond Carver