Networking: los chilenos tenemos mucho que aprender

Llueve en Santiago. ¡Bienvenida lluvia!

El día comenzó gris, nubarrones enormes, qué ganas de acurrucarme ahí.  A medida que transcurrían las horas, parecía que la lluvia era una falsa promesa. El viento en El Arrayán hacía lo suyo, pero no tanto como para pensar en un vendaval. Al fin, a la hora de almuerzo  los goterones comenzaron a caer con fuerza.

Me imagino que a muchos les gusta la lluvia y otros, prefieren el clima cálido, con sol y temperaturas altas. Yo soy de las primeras. El invierno siempre ha sido mi gran amigo, se me hace más fácil concentrarme en la escritura.  Pienso en Reinaldo Arenas cuando escribía en La Habana antes de radicarse en Nueva York, o Jamaica Kincaid en Antigua y Barbuda, las tremendas sureñas norteamericanas como Anne Porter o Carson Mc Cullers escribiendo en esas tardes con cuarenta grados.  

Definitivamente, el frío y los días grises son mejores. Eso mismo siento en la nieve cuando caen los copos. Así fue este último fin de semana de junio. Recién había terminado de nevar. Mientras trabajaba en mi nuevo website, observaba el horizonte que parecía una bomba de colores. El sol se escondía. Los tonos que brillaban en el cielo eran como si salieran directamente de un tubo de óleo, intensos, con fuerza. Celeste, morado,  naranjas. Así pasaba las últimas horas dominicales, pero en vez de escribir el capítulo 13 de la novela, trabajaba con Sergei Sushchik de Anomaly Branding.  Todo por medio de messenger de Facebook. Conocí a Sergei hace un par de meses. Él ha sido una piedra angular para la creación de mi website y logo. Pero nunca he estado con él y dudo que lo haga. Es un ucraniano que llegó en 1992 a vivir a California. ¿Cómo lo contacté? Por el networking. Soy miembro de varias comunidades de escritores en Facebook y decidí que la mejor forma de trabajar, era haciéndolo con alguien que ya tuviera experiencia con escritores. Publiqué mi pregunta en la Comunidad de Sarah Werner  y unos momentos más tarde me recomendaron a Sergei.

Tuve confianza.  Me aventuré a trabajar con un completo desconocido, en inglés y virtualmente. Él ha hecho un trabajó profesional y creativo. Todo lo hicimos por medio del Messenger, correo electrónico y Zoom. ¿Cómo ha sido la experiencia? Increíble.

COMUNIDADES VIRTUALES

Volvamos a lo de la comunidad en Facebook. Es un espacio virtual donde cientos de escritores nos reunimos. No conozco a ninguno. Compartimos inquietudes, logros, dudas, nos apoyamos en los lanzamientos, comentamos sobre noticias relacionadas con el oficio.

Llegué a las comunidades por los podcast que escucho.  Hace unos años comence con  Joana Penn en  The Creative Penn, luego con el de Sarah Werner, Jeff Goings. Así he ido aprendiendo  lo vital que es networking y de creerse el cuento de escritor. Me ha obligado a salir de mi zona de confort y empezar a trabajar por relacionarme con un entorno completamente desconocido.  Este es un oficio solitario, pasas muchísimas horas sola.

Así comencé a ser más activa en Twitter, en Instagram y Facebook. Si bien las redes sociales para algunos son un dolor de cabeza, para mí se han convertido una tremenda herramienta de trabajo y conexiones. He llegado a gente que de otra forma jamás lo habría hecho. He conocido “la ayuda por la ayuda”. Cada vez que pongo un like, hago un retweet, comparto una publicación interesante, estoy ayudando a divulgar contenido valioso que de otra forma hubiese quedado escondido en la pantalla.  

LA MEJOR DE TODA: LA HUMANA

Hay otro tipo de redes que espero que siempre siga siendo la más importante. La del contacto humano. Hace unas noches asistí a un encuentro en el GAM con 4 escritoras chilenas en el 1er encuentro de “Chicas y copas”. Me enteré por twitter y Claudia Apablaza, escritora y editora de Los libros de la Mujer Rota con la que he trabajado en dos proyectos editoriales, era una de las exponentes. Ella ha sido un puntapié enorme en mi carrera literaria.

 

Llovía fuertísimo. Había que estar en el Restaurante Lucila del Gam a las 20 horas. Yo sé lo que es organizar eventos y lo difícil que se pone cuando llueve. A los santiaguinos nos cuesta mucho salir de casa cuando caen los goterones. A pesar de esta barrera, me subí al auto, dejé a mi familia en la casa y partí al centro. No me arrepiento de haber acudido. Fue un excelente encuentro y la velada me sirvió para conocer la experiencia de escritoras de renombre como lo son María Paz Rodríguez, Carola Brown, María José Cumplido y Claudia. En fin, networking.

Luego del conversatorio fue la parte más interesante. Reunimos las mesas y nos pusimos a charlar sobre literatura, la vida y libros.

Así, dos tipos de redes de trabajo, la virtual y en persona se van concretando con cada acción diaria que nosotros ejecutamos. Tenemos el poder de mejorar nuestros ambientes de trabajo, de crecer juntos. Reconozco que el medio chileno de escritores es cerrado, que cuesta hacerse un nombre, que te apoyan poco en redes, pero estoy segura que va a cambiar. Yo lo estoy haciendo. Espero que paulatinamente se vayan sintiendo las buenas influencias extranjeras. Que este club exclusivo de unos cuantos, tan celoso de sus contactos y conversaciones se amplíe lo suficiente para incorporar a los que recién nos iniciamos. Ese es el valor del encuentro en el GAM, todos salimos ganando. Las escritoras, el restaurante, los que asistimos. También los que nos siguen en las redes sociales.

CAMBIÉMOS EL PARADIGMA

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EL CONTACTO HUMANO, EL MEJOR

Existe un mundo enorme, en que las personas sí te quieren ayudar, que son generosas. Joana Penn, no se cansa de decir que mientras más escribimos es mejor para el mundo. Verdad. Si existe un libro, un cuento, un ensayo, es porque existe un lector que te quiere y necesita leer.

Para mí escribir es como respirar. Mis manos danzan sobre el teclado. Imagino que puedo aportar con mis escritos, reflexiones a que el mundo sea uno mejor.

¿Qué opinas? Déjame tu comentario, comparte esta entrada con tus redes sociales. Mientras más nos apoyamos, el mundo mejora y seremos más felices.