Historia de Uber

Paul, mi taxista, se demora unos minutos más de lo presupuestado. Es un hombre de mediana edad, de piel oscura. You look tired, dice.  Quiere conversar, ignora lo mucho que quiero el silencio. Mirar el camino, buscar algún recuerdo de esos años que viví en Boston. Hace tanto ya. 

Are you here for business? Vengo a un curso sobre el Holocausto, respondo. Se produce un largo silencio.  It really was like that? So terrible? Peor de lo que imaginamos, le contesto. Paul sigue con las interrogantes What meaning has Jesus on your faith? There is almost no time left for the Mesias to come…  ¿Es judío? ¿evangélico? me pregunto para mis adentros.  Do you really believe in the Tora? How do you know it is true?   How do you know you are Jewish?  Luego de casi 15 horas de viaje, me cuesta sostener una conversación tan elevada. La humedad es insoportable. Parece que va a llover. Por fin llego al hotel, le digo que me espere. Hago el ingreso, ni siquiera veo mi habitación y Paul  me lleva a Facing History.

Con rapidez llega el miércoles. No he traído el cargador de mi computador ¡Horror! La tienda Apple más cercana está en otro vecindario.  Voy de todas formas. Pido un Uber. Christian. Es un hombre tranquilo, más silencioso que Paul.  Vamos a North End –el clásico barrio italiano de Boston-  donde me voy  a reunir con una colega y su marido.

Al igual que Paul,  también desea conversar.  

–Soy de Chile le contesto. You?

–I´m from Nigeria.

En ese momento mi veta periodística florece. Tengo la gran oportunidad de conocer a un nigeriano. Sigo con mis preguntas. 

–¿Te molesta que sea tan curiosa?

-No, responde.

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En Nigeria hay más de 140 tribus, 140 dialectos.

Christian llegó hace siete años a vivir a Boston. Se vino directo del calor de Nigeria al frío invernal de la capital de Nueva Inglaterra. Pero las cosas para él han sido muy complicadas. Su señora  lo abandonó por otro. Le ha costado salir adelante. La mujer que lo dejó se fue a vivir a  Minneapolis. Christian estudió filosofía, pero jamás ejerció y como tiene que ganarse la vida, trabaja en diversas cosas.

Ya estamos mucho más cerca del  barrio italiano. Christian en Nigeria logró tener un mini compañía, pero la corrupción y la política lo obligaron a salir del país.   “Aquí, además de taxista soy corredor de propiedades”. Su gran anhelo es traer a Estados Unidos a su segunda señora e hijos, pero no les otorgan la visa. " You know? ", me dice con un inglés con fuerte acento, "I like it here". 

Le gusta trabajar. Quiere el sueño americano, mueve sus manos grandes para señalar la emoción. Lo sigo escuchando: "En Nigeria, en cambio,  la corrupción es tan grande, que preferí escapar.  Do I miss something from my country? Only friends and family".

Pienso si conozco alguna escritor nigeriano. Chimamanda Ngozi Adichie .Tiene una gran charla Ted.  No he leído nada de ella a pesar de que he tenido en mis manos Todos deberíamos ser feministas.  Tiene buena crítica. En noviembre Ngozi viene a Chile a Puerto Ideas

Ahora estoy en el metro, aquí lo llaman T. Los pasajeros van preocupados de sus pantallas. Las miran, muchos deben jugar con Candy Crush, Facebook, Instagram.

 Otros, duermen.

Yo como no tengo internet, observo este nuevo silencio del carro de metro.

 

 

Lectura de la semana:
“Las cosas” de Geroge Perec