Algo nuevo

Escribo al anochecer. Cuando por fin hay menos de 30 grados en Santiago. A lo lejos escucho unos niños que se bañan en la piscina. El cielo aún no luce sus estrellas veraniegas.  Tengo encendida la televisión porque quiero entender lo que sucede en Venezuela.

Al mediodía me enteré que algo significativo se  desarrollaba en ese país latinoamericano. Para mí no es uno cualquiera. Cuando tenía unos meses de mi vida, mi familia emigró allí. Si bien no se adaptaron, los recuerdos de mis padres están relacionados con la alegría, la amabilidad y el calor de sus habitantes. Además hoy sigo relacionada con venezolanos. Mi tía materna armó su vida allá. Ya nadie de la familia vive allí. Dos de sus tres hijos se han convertido en chilenos. Mi prima, con la que también corro, escapó tempranamente de Chávez. Su hermana en Miami desde hace décadas.Otra amiga hoy vive en Chicago, pero todavía sigue amarrada a sus recuerdos de Caracas.

Hoy tome conciencia de que no he leído casi a ningún venezolano.   Sólo a Alberto Barrera Tyszka con La enfermedad. Intenté Doña Bárbara de Rómulo Gallegos. Es decir, desconozco por completo el mundo editorial, ni cuáles son sus exponentes más relevantes. Ahora tengo una oportunidad de buscar títulos de ese país.

Una de las mejores formas para adentrarse en territorios jamás explorados es por medio de su literatura. El año pasado cuando visité Tailandia, Camboya y Vietnam no sólo estudié la historia de cada uno, sino que me di el trabajo de averiguar los libros novelados que debía leer. Esa es la mejor forma para empaparse de la sociedad, sus secretos, los detalles cotidianos que la historia no es capaz ni pretende reflejar.

 La literatura nos permite viajar, ir donde jamás hemos estado. Debe ser por eso que me gusta tanto la japonesa. No he ido nunca y ignoro si lo visitaré  pero gracias a sus autores traducidos al español he conocido en parte cómo funcionan, sus valores trascendentales y sus problemas.

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A veces cuesta leer algo tan ajeno. Claro que es más fácil seguir el hilo de autores occidentales, donde su pluma y ritmo se asemeja más a nuestra cosmovisión. Pero vale la pena hacer el esfuerzo. Así como leer a clásicos. Hay lectores que siempre eligen lo mismo. Yo en cambio, intento variar lo suficiente. Sé que es un trabajo más. Pero vale la pena.

Por lo mismo me esfuerzo por generar instancias novedosas. Por ejemplo, esta semana fui a ver la exposición de Sophie Calle en el MAC. Se las recomiendo en un 100 por ciento. A partir de una carta la artista arma una reinterpretación. Para ello entrevistó a 107 mujeres de diferentes campos laborales y expertise. Le pidió a cada una que interpretara el documento. Algunos podrán discutir la importancia de tal ejercicio artístico, pero sin duda nos lleva a preguntarnos las posibilidades que un hecho puede tener en la vida. La creatividad de la Calle es inmensa. Enriquece nuestra sensibilidad. Nos permite estar conscientes de que la interpretación es el fruto de múltiples de factores y de que mientras más se aumenta la carga cultural, más exquisita es la respuesta.

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El elogio de la sombra Junichiro Tanizaki

Libro de la semana El elogio de la sombra

— Junichiro Tanizaki