Una nueva aventura

 Escribo en mi taller. Acabo de terminar de almorzar.  Es un día extraño para ser pleno verano. Las nubes están bajas, grises. Los árboles se mueven como si estuvieran llamando a la lluvia.

Han pasado muchísimos años desde que acudí a mi primer taller literario con Ana María Güraldes en abril del 2005.

La idea nació en plenas vacaciones de verano. Estaba en la playa. Leía Middlesex de Jeffrey Eugenides y de repente, como de la nada, se me ocurrió enrolarme en un taller literario. No tenía la más mínima idea dónde acudir. Creo que llegué donde  Ana María Güraldes por un aviso que se solía poner en Artes y Letras cada marzo.

 Recuerdo tan bien ese miércoles.

Ana María vive por Tobalaba, en una calle chica al frente del Andrew School. Como no ubicaba la calle ocupé el plano de Santiago que todos llevábamos en el auto, ese de las páginas blancas.  ¿Lo recuerdan? Llegué atrasada porque además de extraviarme, me costó dar con un estacionamiento.

Eran más de diez alumnas congregadas en la mesa del comedor de Ana María. Ya habían comenzado. Yo iba con mi cuaderno rosa con un dibujo de frutillita, bastante infantil, de tamaño colegial. ¿Por qué no uno universitario? Todavía lo tengo guardado. Esa fue la primera de infinitas sesiones en las que fui aprendiendo a escribir corto, largo, preciso. Entendí la teoría del cuento, los personajes, las descripciones, tantas cosas. Fueron años súper importantes en mi formación. Comprendí lo que era escribir, pero más importante, lo sentí. Me di cuenta de que podía lograr algo. En cada sesión,  Ana María nos iba dando un pie forzado, nos leía cuentos, pasajes notables. Nos iba explicando técnicas, secretos.

Sobre todo, nos iba enamorando con el oficio.

Mi sueño, desde muy pequeña, había sido escribir una novela. Entonces, estaba muy lejos de eso.

Cuando me cambié al taller de Marco Antonio de la Parra lo hice por dos motivos. Quería una nueva mano. El segundo motivo fue por una razón completamente utilitaria. Estaba dejando de fumar y donde Ana María se fumaba mucho.

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Una nueva aventura

El tiempo de escritura con Marco Antonio -sin cigarros a cuesta- lo inicié el 2008. Éramos menos alumnas, todas mujeres. Una o dos colombianas. Varias chilenas. Aquí me abrí a una escritura más madura, más cerca de mi sueño, aunque aún lejano. Al igual que donde Ana María, lo más importante eran tres cosas: compromiso, escribir, leer.

Sin estos profesores jamás me hubiera convertido en lo que hoy soy, o creo ser, escritora.

Menos habría publicado el 2016 Respirar bajo el agua, o me habría convertido en profesora tallerista.

Hace mucho que venía escuchando sobre Ina Groovie. Es una profesora con enormes conocimientos, además posee un estilo vanguardista. Tras varias insistencias, conseguí un cupo en su taller de los martes en la noche. Esta semana asistí por primera vez.

Es una nueva aventura en mi vida.

Claramente escribir en la soledad de mi taller de El Arrayán es súper distinto a hacerlo rodeada de desconocidos, casi todos muchos más jóvenes que yo,  solteros y sin hijos. Mundos dispares. Opuestos. Nos une el amor por la literatura, por escribir y leer. Se produce algo mágico. Porque somos seres que nos congregamos en torno a una pasión.

En esta primera clase del 2019, escribimos un poco. Pensamos mucho. Meditamos sobre lo que es el apego, la obsesión y el amor. Porque ¿De qué hablamos cuándo hablamos de amor?

Es una aventura porque me expongo. Me obligo a explorar nuevas técnicas.

Me atrevo nuevamente a soñar, mientras finalizo mi segunda novela.

 

¿Cuál es tu nueva aventura hoy?

 

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Libro de la semana: Intimidad
— Hannif Kureishi