Escribir como otra

 Escribo esta mañana de jueves en mi taller. Son recién pasadas las nueve de la mañana. Se nota que el otoño está presente.  Aquí, en pleno Arrayán, hace frío. Hasta tuve que encender la estufa. Me arropo con una manta, me preparo un té y disfruto del enorme silencio que se vive a esta hora aquí. Porque no estoy acostumbrada a venir tan temprano. A veces pienso que debería acostumbrarme a ello. Por lo general llego al taller antes del mediodía y me quedó hasta pasada las cinco de la tarde.

Mientras escribo pienso en este marzo. Pasó  rapidísimo.  Cuando retomé el blog, el primer jueves del mes, venía cargada de descanso y desconexión. Desgraciadamente poco de eso queda en mí. Ha sido un marzo súper intenso, casi olvidé que en febrero estuve en la playa.

La luz otoñal me ayuda a concentrarme. Me encantaría saber los motivos. Es como si en ella encontrara un espacio de cobijo, de paz.

He seguido con la corrección de la novela. Voy en la tercera versión. Comencé en noviembre la lectura atenta del primer borrador. Son 28 capítulos y ayer terminé el 14. Es un trabajo lento, que me exige mucha concentración y sobre todo, fuerza de voluntad. Porque tengo que volver a leer cada capítulo, cambiar párrafos, agregar, eliminar. Esta  etapa es la del trabajo de joyería,  artesanal, en que la mano del escritor se distingue. Se puede caer en la tentación del apuro -por diversos motivos, querer terminar de una vez, pasar a la siguiente etapa, flojera- pero tal cual me dijo una querida amiga escritora, son estos momentos, cuando el ritmo de la vida te exige mucho, que se pone a prueba la vocación.

Observo el calendario. La tercera semana de marzo casi no vine a mi taller. No pude por un montón de motivos, pero si analizo mi trabajo, debo de estar contenta porque claramente voy bien encaminada. Me encantaría irme a la maratón de París el 10 de abril con la revisión lista, pero lo veo casi imposible. Tendría que trabajar a un ritmo de corrección rápido y poco prolijo.

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Imaginar que soy otra escritora

Este martes aprendí a escribir como un otro. El ejercicio era el siguiente. Se me asignó un tema obsesivo de otra alumna, ese del que escribe una y otra vez. No solo eso, sino que tuve que redactar con su estilo. Esto me obligo a salirme de mi zona de confort. Hubo dos factores desafiantes. Primero, el ejercicio en sí mismo y el segundo, que tenía que hacerlo ahí en el taller, en unos diez minutos, escribiendo en papel. Por lo tanto la edición se disminuyó sustancialmente.

Escribí sobre los excrementos, en un estilo directo, enfocado a la acción.

Cuando revise el capítulo 17 voy a ocupar esta técnica. Imaginaré que soy otra, no Karen Codner, sino una escritora a la que le es fácil narrar sobre el amor y la pasión. Me estoy preparando para hacerlo, ni siquiera reescribiré, sino que voy a comenzar de cero. Para ello ya estoy trabajando para eliminar mi autocensura. Abrir un espacio nuevo que fluya el amor y la pasión de Olivia, la protagonista.

Libro de la semana
— Una historia de amor y oscuridad de Amoz Oz
Palabra de la semana
— cenotafio: monumento funerario sin el difunto dentro