Escritora + Escritora

Escribo rodeada de una leve lluvia que por fin nos alivia en Santiago. Escribo con felicidad porque me fascina cuando los días amanecen así, luz tenue, las calles mojadas, la temperatura fría y tiempo, tiempo para escribir.

La entrada de la semana pasada me ayudó mucho para aclarar mi panorama en torno a al blog y las redes sociales. Muchos lectores me dieron retroalimentación y eso sin dudas, me permite pensar con mayor claridad. Algunos me dejaron comentarios aquí, otros me enviaron un correo electrónico, o WhatsApp e incluso una querida amiga -confío plenamente en su criterio literario- me llamó por teléfono.

Esta semana ha sido determinante. Volví a mi taller y a escribir. Más bien a revisar. Es la etapa final de la novela en que debo releer cada capítulo buscando errores sintácticos, gramaticales y de estilo. Es un trabajo de joyería, lento, requiere paciencia. Podría poner punto final.

Conocer lo que uno ha escrito es la base para alcanzar un buen libro. Hoy, la novela está lista en todos los aspectos formales como lo son la estructura, tensión dramática, personajes. Ahora me enfoco en mejorar el ritmo, enriquecer el vocabulario, eliminar frases o bien, profundizar en algunas.

Ha llegado el momento también de comenzar a trabajar en los posibles títulos. En el verano, cuando fui con mis hijos a la exposición de Sophie Calle me compré una máquina de escribir en una feria al costado del Gam. Lo hice con el firme propósito de escribir con ella los títulos. Cada vez que entro a mi taller lo primero que veo es la máquina de escribir. Me está esperando.

Por otra parte, el martes me reuní con Michèle Sarde. Una escritora francesa que pasa la mitad del año en Chile. La conocí hace un par de años gracias a una amiga que me hizo el contacto. Después descubrí que Cuarto Propio -la misma editorial que publicó mi novela “Respirar bajo el agua”- había trabajado con ella. A las cinco de la tarde llegué a su casa en el interior de El Arrayan. Allí,  junto a su marido me esperaban con una deliciosa tarta de chocolate y té verde.

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El español de Michèle es bueno aunque ella aún no se siente segura de él. Nuestra conversación de dos horas versó sobre el proceso de publicación y los libros que ella está a punto de publicar. Este próximo martes lanza su novela “Volver al silencio” El relato de Jenny. Es la historia de su infancia que estuvo plagada de secretos y de estrategias para sobrevivir durante la Segunda Guerra Mundial. Es parte  de una trilogía y este libro es la primera de ella. El segundo -ya está listo pero solo en francés- lo lanzará en septiembre en la capital gala.

Cuando uno trabaja como escritora cuesta imaginar que otros colegas también sufren. Por eso me encanta hablar con Michèle. Ella es abierta en sus cuestiones, transparente. Le toma mucho tiempo escribir y debe desconectarse del mundo para lograrlo. Hablamos de cómo funciona el mundo editorial, complejo en cualquier lugar del planeta. No solo en Chile, sino que en Francia y también en Estados Unidos. Discutimos sobre porqué ciertos escritores son más leídos que otros, a pesar de que hay miles que son muy buenos, pero tienen un bajo nivel de lectura. Quizás, concluimos, tienes que ser “la elegida”. Ya sea de un crítico, de una editorial que se la juega, de un colega.

Casi una ungida.

Ya oscurecía y tenía que volar a Providencia al taller de Ina Groovie, cerramos el encuentro con apoyo mutuo. Ella conoce poca gente en Chile. Así que la ayude a congregar a más personas para el lanzamiento del martes. Por su parte, me facilitó unos contactos que pueden ser útiles para mí. Me gusta esta colaboración que se da entre escritores. Ojalá fuera siempre así de transparente y directa.

Cuando trabajas en esto básicamente vives solo, hablas poco, no tienes espacios para compartir. Pero es súper necesario la interacción. Por eso hay que hacer un trabajo consciente para vincularse con el medio. Así lo han hecho todos los grandes artistas.

Es un trabajo pendiente para mí.

¿Buscas vincularte con gente que tiene tus intereses?

 

 

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