Cómo escribir una novela de día

 Escribo en el taller escuchando en vinilo un concierto de violín de Bach. Pienso en cómo aprendí a escribir una novela de día, con luz natural. ¡Me costó! Además ahora, mi cabeza está funcionando a media máquina. La noche que pasó dormí poco, a ratos.

Muchos escritores sufren o han sufrido de insomnio. Algunos solo pueden escribir de noche. Otros, no duermen. Emily Brontë, Emily Dickinson, Vladimir Nabokov, Marcel Proust, Sylvia Plath, Kafka, Balzac, Flaubert, Borges.  Pero de todo lo que he leído sobre la creación y el insomnio me quedo con esto de Alejandra Costamagna:

El escritor obsesivo es insomne. De esos insomnes que miran con cero romanticismo el insomnio. Lo malo del insomnio, piensa, es que no siempre es aprovechable. Y lo peor es que nunca se sabe cuándo es aprovechable y cuándo no. Lo más aprovechable quizás sea lo inconexo. El mundo de ideas que corren en ese estado de embriaguez que se produce en los extremos del desvelo. “Si he percibido ciertas cosas en la vida es porque tuve la suerte de no poder dormir”, dijo alguna vez Émile Cioran. Mentía, cree el escritor insomne. No le cree nada al rumano. Nadie puede mirar el insomnio como un don, piensa. Y corrige a Cioran: “Si he escrito ciertas cosas es porque tuve la mala suerte de no poder dormir” .

 

Escribir la novela con luz de día

Hubo un momento que solo podía escribir de noche, lo que me significaba dormir poco.

Mis mejores ideas surgen ante la oscuridad, mientras el resto duerme. Así escribí cuentos y parte de mi primera novela, Respirar bajo el agua. Me gusta la noche, ese silencio misterioso que nos permite encontrarnos en la soledad más infinita del mundo. Sientes que estás tú y tus palabras, tus oraciones, tu creación. Se te aparecen los personajes, las escenas con una facilidad enorme.

Así era cuando escribía de noche.

Pero un ritmo de vida nocturno supone un montón de costos que no me puedo permitir. Los colegiales despiertan temprano. Si son chicos, te devoran la noche, con interrupciones. Si tienes un trabajo diurno además, es imposible dormir pocas horas porque ¿cómo vas a funcionar en la oficina?

Muchos años, mientras mis hijos eran pequeños, me acosté muy tarde. Tenía que luchar una enormidad para levantarme al alba. Después, como nunca he trabajado con un horario rígido de oficina, podía dormir un par de horas y volver a funcionar. Quizás fue la madurez, o la necesidad de acoplarme a la vida de la gente que funciona con sol -tras un enorme trabajo de disciplina- abandoné el insomnio. El inicio del fin fue cuando empecé a atrasarme a las citas importantes a primera hora. Mi nivel de inseguridad nocturna era enorme. Ignoraba por completo si el despertador sería suficiente para levantarme. La noche previa, frente a esta inseguridad, se iba formando un circulo malioso:. no me dormía por la preocupación.

La vida, simplemente así no funcionaba.

Estrategias para escribir la novela de día

Lo principal fue que comencé a correr muy temprano. Antes de las siete de la mañana estaba en la calle. Mi entrenador me espera, me decía, él confía en que yo llegue. Si me acuesto a las tres de la madrugada era imposible cumplir con este compromiso. Muy lento, como todos los cambios importantes en la vida, inicié este camino hasta convertirme en una ex insomne. ¿Me curé por completo? En absoluto. Cada noche me pregunto si podré dormirme antes de las 12. O si tendré que tomar algo para conciliar el sueño. Sigo batallando. Es como si con la oscuridad y el silencio una fuente enorme, gigante de creatividad se apropiara de mi ser. Pero ahora, cuando ya he comenzado el día tan temprano, reconozco a las 9 solo pienso en mi cama.

Cuando vivía de noche ni siquiera existían los teléfonos celulares. Solo la televisión. Para dormirme lo hacía con ella encendida.

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Hoy, mientras más silencio nocturno, mejor.

Leo hasta dormirme.

Pero a veces no lo logro. Me canso, el sueño no se aparece, mi cabeza está agotada de tanta lectura. La literatura se introduce en mi sueño como la serpiente que se quiere apropiar de mis sensaciones. En ese momento sé que no puedo seguir leyendo. Muchas veces despierto a las 3 de la mañana lista para comenzar el día. Solo que es la mitad de la noche. Ahí de seguro me voy a ver televisión, solo programas de cocina que no me exigen concentración ni me violentan. Por lo general me hago una infusión y e ingiero algo pequeño. A veces tengo la tentación de abrir el computador y escribir. Pero entonces, recuerdo que tengo que despertar antes de las 6.30 y sé que lo mejor es dormir.

Si estuviera sola, sin hijos ni marido, solo escritora, trabajaría de noche.

Pero esa no es mi realidad y he aprendido a escribir a plena luz la segunda novela por completo.

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