Una novela monumental: Las uvas de la ira

¿Cómo leer prolíficamente sin perder la calidad y profundidad? Algunos lectores son más lentos, mastican cada frase, cada capítulo. Yo  siempre quiero leer mucho en poco tiempo. Soy de las que subrayo y pongo banderitas de colores súper seguido. Las uvas de la ira de John Steinbeck –ganó el Premio Pulitzer en 1940– me conectó con las razones de porqué los clásicos contemporáneos deben leerse con cuidado y dedicación. 

Les recomiendo escuchar este comentario sobre los clásicos y específicamente sobre Las uvas de la ira y también una buena reseña en  Un libro al día.

Cada vez que termino una obra monumental, me quedo con una sensación de incertidumbre. ¿Encontraré otra novela así? Una que se quede grabada en mí.

Eso fue lo que me sucedió con Las uvas de la ira de John Steinbeck. La leí en dos semanas. Si bien la trama es dura y dolorosa, estoy segura de que no la olvidaré. John Steinbeck retrata la década de los 30 y la  Gran Depresión con maestría. ¿Cómo logró? A la antigua, sin Google nada digital. Tres años antes de publicarla trabajó en varias crónicas en The San Francisco News en que retrató la Gran Depresión (Asteroide los compiló en Los vagabundos de la cosecha, 2007). Hoy los escritores con un clic tenemos todo, sin movernos de nuestro escritorio, sin visitar una biblioteca, ni consultar las fuentes primarias. John Steinbeck lo hizo paso a paso, sin la premura que nos obliga a producir rápido.

Hay una especie de imán en la escritura de Steinbeck. Se genera un sentimiento mixto mientras se lee. La tensión entre querer finalizar la lectura y por otra, leer lento para que no se acabe.

Lo que vas a encontrar en Las uvas de la ira

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No por nada esta novela es un clásico contemporáneo. Se inicia cuando Tom Joad –recién ha sido liberado por buena conducta- regresa donde su familia. Ellos se preparan para partir. Steinbeck utiliza la figura del viaje como el simbolismo de la transformación. Por una parte,  la travesía misma hacia California, cruzar el desierto de Arizona, enfrentar muerte y hambre. El segundo es el viaje es  del quiebre familiar y el fin de un sueño.

Los Joad deben emigrar porque literalmente no tienen qué comer. Además de la sequía que enfrenta el medio oeste, les han expropiado su casa y ha aparecido una tecnología que ha destruido por completo su fuente de trabajo: los tractores. Estos son más efectivos que los agricultores para trabajar la tierra.

El padre de la familia Joad está convencido de que la solución es irse a California y soportar el menosprecio, son los okies. Ha leído en un panfleto que necesitan temporeros para la cosecha. Así los Joad, se suman al éxodo masivo hacia la costa oeste. Allá hay trabajo y donde hay trabajo, hay vida (eso creen). Se inicia el descalabro. El sueño de la nueva vida se va convirtiendo en pesadilla; es la historia de la condena. Son pobres, carecen de herramientas para surgir y sin capital monetario será imposible reinventarse.

Los personajes están absoluta y magistralmente delineados. Las mujeres son fuertes -para algunos sometidas, para mí estratégicas- capaces de tomar decisiones y son la fuente de sabiduría. Es imposible olvidar a la Madre, la más sabia -ojalá todas las madres del mundo fueran así- con gran respeto hacia las tradiciones y la jerarquía familiar. La familia Joad es pobre pero digna y muy unida. ¿Cuál es la fatalidad? Que el sistema los condena y el núcleo familiar se va desmembrar a pesar de intentar una y otra vez la reinvención.

Es la tragedia que se repite hasta hoy. Es el círculo de la pobreza y de los sueños rotos. Es la historia del inmigrante y su ansiada reinvención.

¿Quién debe leer esta novela? Todo aquel que le guste entender cómo funciona el mundo de la pobreza, la superación, que sea capaz de enfrentarse a dolores y situaciones muy complejas.

El final es magistral. Solo algunos escritores lo logran y Steinbeck lo hizo. Aunque mucho se ha discutido sobre si era merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1962, a mi poco me importa, porque no cualquiera escribe una novela así.

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